Hola Amigos, buen día. Los índices S&P 500 y Nasdaq 100 alcanzaron el martes nuevos máximos históricos, impulsados por los balances de algunas compañías líderes y por ciertas expectativas de que podría haber algún acuerdo de paz próximo en Medio Oriente. A la vez, los operadores se ilusionan con que el nuevo presidente de la Fed (aun no confirmado) Kevin Warsh borrará cualquier vestigio de aumento de tipos de interés en el futuro.
Estas son las causas que Usted encontrará en todos los análisis publicados en estos días, y probablemente estén acertados. Pero me permito pensar que es por lo menos extraño que los índices presenten este comportamiento con una inflación por encima del 3% anual, con un conflicto que podrá terminar pronto (algo poco esperable de acuerdo a los últimos acontecimientos), pero que dejará huellas largas en la cadena de suministros de petróleo, cuya normal distribución tardará meses en normalizarse. En otras palabras, no creo del todo en los primeros argumentos y, en cambio, creo que cuando las acciones crecen de la forma en que lo hacen, a una velocidad demasiado alta sin más fundamentos que la euforia por la inteligencia artificial (que se supone ha llegado para quedarse), suelen caer en forma vertical y en horas. O minutos.
Para que esto ocurra sobran los motivos potenciales. Uno de ellos puede ser el agravamiento del conflicto en Medio Oriente. Otro, alguna acción poco previsible del presidente Trump, que deberá apurarse a terminar la contienda para evitar una derrota electoral peor de la ya segura, que lo deposite en el banquillo de los acusados en un juicio político que el partido Demócrata ya está preparando.
La derrota de Trump sería, en sí misma, otro motivo para desinflar a la bolsa, aun inflamada de liquidez que jamás absorbió la Fed (y esto no es de ahora, sino que viene desde 2009). A tal punto se han emitido dólares que fueron finalmente a la bolsa, que desde marzo de 2020, en el inicio de la pandemia, las acciones se dispararon a máximos históricos en pocos meses, con las empresas cotizantes cerradas o funcionando al 30% de su capacidad. El Sr. Powell, creador del “estímulo ilimitado” de entonces, puede explicar un poco más al respecto.
En el mercado de divisas la euforia no es tal. El circuito de estas semanas es claro, y ni siquiera lo domina una moneda, sino el petróleo. Cuando hay ataques, o amenazas, ya sea desde Estados Unidos o Irán, el petróleo crece con fuerza (cada vez menos, eso sí). A dicho movimiento le corresponde un alza del dólar y, por consiguiente, una caída del euro, un poco menos de la libra, otro poco menos del franco suizo (el verdadero refugio de hoy) y un desplome del yen. El oro no encuentra el rumbo, aunque muchos se ilusionan con verlo en 6000 dólares pronto. Sobre todo quienes compraron en los casi 5600 dólares de enero, cuando los pronósticos apuntaban a 6, 8 10 o 50 mil dólares por onza. La euforia nunca es buena consejera en los mercados.
El euro navega cerca de 1.1700, sin rumbo claro, a la espera de noticias. La libra esterlina, en la zona de 1.3500. Ambas parecen cómodas en estos niveles, aunque al igual que la bolsa de Nueva York, llaman la atención. La bolsa por sus máximos, las monedas por su quietud extrema. Estas situaciones son siempre la antesala de que algo importante está por ocurrir.
Mientras tanto, el calendario de noticias de esta primera semana de mayo no ofrece sorpresas. El ISM de servicios cayó ligeramente, sin mover la aguja del mercado, al igual que las vacantes de empleo y las ventas de viviendas nuevas de marzo, dato por demás rezagado.
Para este miércoles, la encuesta ADP de empleos privados será protagonista, aunque sin mucho impacto en los precios. También lo serán los inventarios de petróleo, el activo estrella de este tiempo.
Amigos, tengan todos una excelente jornada de operaciones, nos vemos el jueves.