Hola Amigos, buen día. Si bien los bajos precios del petróleo de inicio de año, producto de la baja en la actividad económica en Estados Unidos, hacían pensar en que algo se estaba incubando en el mundo, difícilmente alguien haya imaginado el estado de conmoción que vive el mundo actual.
La crisis en Medio Oriente, lejos de terminar como lo auguró el presidente Trump buscando bajar el precio del petróleo fuera de control del lunes pasado, se agrava día a día. El ataque a la isla de Jarg, de la que sale casi la totalidad de las exportaciones de petróleo de Irán, pudo haber sido determinante en esta crisis. En dicha isla, cercana al continente, se resguarda gran parte de las instalaciones petroleras iraníes, y si quedan dañadas, la crisis podría extenderse al resto del mundo rápidamente, con un costo incalculable.
Esta columna de opinión suele enfocarse en el o los activos que están en boca de los inversores con mayor frecuencia. Sin dudas, el petróleo acapara la atención de todos, incluso de quienes no se ocupan de los mercados, pero son consumidores de cualquier bien. O sea, todo el mundo.
Y las novedades que se van conociendo no auguran una calma en el precio de la materia prima. Se disparó el lunes, bajó el mismo lunes, en una clara maniobra que buscó sacar partido de una situación grave como lo es una guerra, utilizando al presidente Trump como señuelo. Su discurso, en absoluto inocente y pre acordado con bancos y fondos, simuló llevar calma, derribando al barril de 120 a 78 dólares en menos de medio día.
Sin embargo, cualquier observador puede apreciar que en medio de una guerra que incluye a Medio Oriente el petróleo solo puede ir en dirección alcista. Grueso error es comprar en cualquier precio o en cualquier momento sin calcular que estas caídas (un 40% de su valor total), están previamente armadas. En cualquier caso, siempre conviene analizar el mercado día a día, teniendo como norte el alza de la materia prima.
Este tipo de situaciones no son nuevas ni desconocidas. En medio del caos que provoca una guerra en los mercados, cualquier voz con poder puede impactar en segundos. Los vaivenes del oro entre 2017 y 2020, época del primer mandato de Trump, son fieles testigos de ello. También lo son los comentarios de funcionarios del Banco Central Europeo, que hace pocos años se quejaban del euro a 1.2000, aunque se trataba de intervenciones verbales, como las que también suele realizar el Banco de Japón. Más aquí en el tiempo, el gobierno de Argentina se vio (se ve aún, pues la causa judicial está en marcha) involucrado en el lanzamiento de un cuasi activo llamado libra (acrónimo de Libertad y Argentina), impulsado enfáticamente en las redes sociales por el presidente Milei, quien pocas horas después intentó despegarse del escándalo generado en torno ese token, que creció y cayó en minutos. Típico de estos gobiernos, típico de ese mercado, con típicos perdedores: jóvenes incautos que caen seducidos por proyectos que prometen ganancias inmediatas y cuantiosas, con la tecnología como cara visible.
El euro, la libra esterlina, el franco suizo, se convierten, en momentos como este, en activos cuya manipulación es mucho más compleja. Y esta semana tendrán fuertes desafíos, con las decisiones de política monetaria de la Fed, el miércoles, y del Banco de Inglaterra y el Banco Central Europeo el jueves.
No se esperan cambios en los tipos de interés. Pero la actualidad de cada bloque es distinta. La Fed se ve impedida de recortar ante una inflación que se está disparando este mismo mes, y que se verá reflejada en abril. Por otra parte, la salida del presidente Powell es inminente, y seguramente no querrá irse dando el gusto a Trump de recortar, algo que dejará en manos de su sucesor, de quien poco se habla: el Sr. Wasrh.
La falta de acción de la Fed podría derivar en un alza del dólar, sobre todo si Powell alude, como se espera, a las consecuencias que tendrá en la economía el combate en Medio Oriente. Si este dura poco tiempo, la inflación será transitoria. Si se convierte en una suerte de Vietnam, será un desastre económico.
El Banco Central Europeo dejará la tasa en el 2.15%, sin mucho para agregar. El euro no pasa un buen momento, y se ubica en mínimos de más de 8 meses. El lunes podría recuperar parte de sus pérdidas, pero le costará mucho retornar a 1.1800. El jueves puede volver a caer.
En cuanto al Banco de Inglaterra, su tasa del 3.75% luce alta, pero intocable ante el seguro aumento de la inflación en Reino Unido. Se esperaban novedades en el primer semestre de 2026, algo que probablemente no ocurra, por lo que la libra podría mantenerse a flote de manera más sustentable que el euro.
Este lunes, el calendario de noticias será modesto en Estados Unidos, sin informes que puedan mover decisivamente al dólar.
Amigos, tengan todos una excelente jornada de operaciones, nos vemos el martes.